martes, 3 de abril de 2012

POR DIVERSIÓN

DILEMA DE AMOR (Cumbia epistemológica)


De Wikipedia: «Les Luthiers es un grupo argentino de humor que utiliza la música como un elemento fundamental de sus actuaciones, con instrumentos informales creados a partir de materiales de la vida cotidiana. De esta característica proviene su nombre: luthier, que en francés significa «creador de instrumentos musicales». El conjunto está compuesto por cinco miembros (originalmente, eran siete), todos ellos músicos profesionales, y comenzó su trayectoria en la segunda mitad de la década de 1960 en la ciudad de Buenos Aires.» (…)
«Luthier es la palabra francesa que designa al fabricante de instrumentos de cuerda. El grupo adoptó este nombre por su costumbre de crear instrumentos a partir de materiales poco comunes, como latas, mangueras, tubos de cartón, globos, etc. El primer constructor de instrumentos informales fue Gerardo Masana, fundador del grupo, el primer instrumento creado, el bass-pipe a vara, construido con tubos de cartón encontrados en la basura y elementos caseros. Cuarenta años después, un émulo de este enorme tubo rodante sigue usándose en escena.» (…)
«Johann Sebastian Mastropiero es una sátira de los compositores clásicos, tomando los nombres de Johann Sebastian Bach y el apellido del fundador del grupo, Gerardo Masana. Este personaje se caracteriza por una vida turbulenta cuya trama se va hilando a lo largo de cada presentación realizada por Marcos Mundstock. Gracias a ellas podemos saber que nació de madre italiana y de padre, que tuvo un hermano gemelo mafioso llamado Harold Mastropiero, que a pesar de sus múltiples relaciones amorosas tuvo durante un tiempo una pareja estable con la condesa de Shortshot, y que con ella tuvo varios hijos cuyos apellidos significan lo mismo que el de su madre en distintos idiomas; que contrató a una gitana de empleada doméstica, y que ella le dejó de ahijado a Azuceno Mastropiero, entre muchas otras situaciones hilarantes.» (…)

ESCRIBA AQUÍ SUS COMENTARIOS A MODO DE MICRO-ENSAYO PARA LA CONCLUSIÓN DEL CURSO II-2011

Hemos acordado escribir un comentario de extensión de 300 palabras, a modo de microensayo, en torno al problema: «Qué importancia tiene una cátedra de Epistemología en primer nivel de Licenciatura». Como pretexto se incluye un fragmento del capítulo 2 del libro "La trama de la vida", del físico autríaco Fritjof Capra, actual director del Center for Ecoliteracy en California. Se han eliminado las referencias bibliográficas por cuanto son, en su mayoría, referencias a otros libros del autor y poco pertinentes para la comprensión del texto aquí inserto.

3. LA TEORÍA DE SISTEMAS[1]
En los años treinta, la mayoría de los criterios clave del pensamiento sistémico habían sido ya formulados por los biólogos organicistas, los psicólogos de la Gestalt y los ecólogos. En todos estos campos, el estudio de los sistemas vivos —organismos, partes de organismos y comunidades de organismos— había conducido a los científicos a la misma nueva manera de pensar en términos de conectividad, relaciones y contexto. Este nuevo pensamiento se veía además reforzado por los descubrimientos revolucionarios de la física cuántica en el reino de los átomos y las partículas subatómicas.

LOS CRITERIOS DEL PENSAMIENTO SISTÉMICO
Vale quizás la pena en este punto resumir las características esenciales del pensamiento sistémico. El primer y más general criterio es el cambio de las partes al todo. Los sistemas vivos son totalidades integradas cuyas propiedades no pueden ser reducidas a las de sus partes más pequeñas. Sus propiedades esenciales o «sistémicas» son propiedades del conjunto, que ninguna de las partes tiene por sí sola. Emergen de las «relaciones organizadoras» entre las partes, es decir, de la configuración de relaciones ordenadas que caracteriza aquella clase específica de organismos o sistemas. Las propiedades sistémicas quedan destruidas cuando el sistema se disecciona en elementos aislados.
Otro criterio básico del pensamiento sistémico sería la habilidad para focalizar la atención alternativamente en distintos niveles sistémicos. A través del mundo viviente nos encontramos con sistemas dentro de sistemas. Mediante la aplicación de los mismos conceptos a los distintos niveles de sistemas —por ejemplo, el concepto de estrés en un organismo, una ciudad o una economía—, podemos obtener a menudo importantes percepciones. Por otro lado, cabe admitir también que, en general, a distintos niveles sistémicos corresponden distintos niveles de complejidad. En cada nivel, los fenómenos observados poseen propiedades que no se dan a niveles inferiores. Las propiedades sistémicas de un nivel concreto reciben el nombre de propiedades «emergentes», puesto que emergen precisamente en aquel nivel.
En el cambio del pensamiento mecanicista al pensamiento sistémico, la relación entre las partes y el todo queda invertida. La ciencia cartesiana creía que en todo sistema complejo el comportamiento del conjunto podía ser analizado en términos de las propiedades de sus partes. La ciencia sistémica demuestra que los sistemas vivos no pueden ser comprendidos desde el análisis. Las propiedades de las partes no son propiedades intrínsecas y sólo pueden entenderse desde el contexto del todo mayor. Por tanto, el pensamiento sistémico es un pensamiento «contextual», y puesto que la explicación en términos de contexto significa la explicación en términos de entorno, podemos también afirmar que el pensamiento sistémico es un pensamiento medioambiental.
En última instancia —como la física cuántica demostró tan espectacularmente— no hay partes en absoluto. Lo que denominamos parte o componente, es meramente un patrón dentro de una inseparable red de relaciones. Por tanto, el cambio de las partes al todo puede también ser contemplado como el cambio de objetos a relaciones. En cierto modo, se trata de un cambio de esquemas, de diagramas.
En la visión mecanicista el mundo es una colección de objetos. Éstos, por supuesto, interactúan y aquí y allá aparecen relaciones entre ellos, pero éstas son secundarias, como ilustra esquemáticamente la figura 3-1 A. En la visión sistémica vemos que los objetos en sí mismos son redes de relaciones inmersas en redes mayores. Para el pensador sistémico las relaciones son prioritarias. Las fronteras entre patrones discernibles («objetos») son secundarias, como ilustra, también de modo muy simplificado, la figura 3-1 B. La percepción del mundo viviente como una red de relaciones ha convertido el pensamiento en términos de redes —expresado más elegantemente en alemán como vernetzes Denken en otra de las características fundamentales del pensamiento sistémico. Este «pensamiento en redes» ha influenciado, no sólo nuestra visión de la naturaleza, sino también el modo en el que hablamos del conocimiento científico. Durante milenios, los científicos y filósofos occidentales han usado la metáfora del conocimiento como un edificio, junto con muchas otras metáforas arquitectónicas derivadas de la primera. Hablamos de leyes fundamentales, principios fundamentales, componentes básicos y demás, afirmando que el edificio de la ciencia debe ser construido sobre firmes cimientos. Cada vez que se producía una revolución científica mayor, se veían temblar los cimientos de la ciencia. Descartes escribía en su Discurso del método:
Mientras que las [ciencias] tomen prestados sus principios a la filosofía, considero que nada sólido podrá ser edificado sobre tan inestables cimientos.
Trescientos años más tarde, Heisenberg escribía en su Física y filosofía que los cimientos de la física clásica, es decir del propio edificio construido por Descartes, temblaban:
La violenta reacción ante el reciente desarrollo de la física moderna, sólo puede entenderse desde la percepción de que los mismos cimientos de la física han empezado a moverse y que este movimiento ha provocado la sensación de que el suelo va a desaparecer bajo los pies de la ciencia.
En su autobiografía, Einstein describe sus sensaciones en términos muy similares a los de Heisenberg:
Fue como si la tierra hubiese desaparecido bajo nuestros pies, sin tener ningún cimiento firme a la vista sobre el que poder construir.
En el nuevo pensamiento sistémico, la metáfora del conocimiento como construcción queda reemplazada por la metáfora de la red. Al percibir la realidad como una red de relaciones, nuestras descripciones forman también una red interconectada de conceptos y modelos en la que no existen cimientos. Para la mayoría de científicos, esta visión del conocimiento como red sin cimientos firmes resulta aun sumamente inquietante. Pero, a medida que el planteamiento de red se expanda por la comunidad científica, la idea del conocimiento como red encontrará sin duda una creciente aceptación.
La noción de conocimiento científico como red de conceptos y modelos, en la que no hay partes más fundamentales que otras, fue formalizada en física por Geoffrey Chew en su filosofía bootstrap en los años setenta. Esta filosofía no sólo abandona la idea de componentes básicos de materia, sino que refuta cualquier tipo de entidades fundamentales, no aceptando ninguna constante, ley o ecuación fundamental. El universo material es visto como una red dinámica de acontecimientos interrelacionados. Ninguna de las propiedades de ninguna parte de la red es fundamental; todas se derivan de las propiedades de las demás partes y la consistencia total de sus interrelaciones determina la estructura de toda la red.
Cuando este planteamiento es aplicado a la ciencia como un todo, ello implica que la física ya no se puede considerar como el nivel más fundamental de la ciencia. Los fenómenos descritos por la física ya no son más importantes que los descritos por la biología o la psicología, por ejemplo. Pertenecen a distintos niveles sistémicos pero ninguno de ellos es más fundamental que otro.
Otra implicación importante de la visión de la realidad como una red inseparable de relaciones, afecta al concepto tradicional de la objetividad científica. En el paradigma científico cartesiano, las descripciones son consideradas objetivas, es decir, independientes del observador humano y del proceso de conocimiento. El nuevo paradigma implica que la epistemología —la comprensión del proceso de conocimiento— debe ser incluida explícitamente en la descripción de los fenómenos naturales.
Este reconocimiento entra en la ciencia de la mano de Werner Heisenberg y está íntimamente relacionado con la visión de la realidad física como una red de relaciones. Si imaginamos la red reflejada en la figura 3-1 B como mucho más intrincada, quizás parecida de algún modo a la mancha de tinta del test de Rorschach, podemos comprender fácilmente que aislar un patrón dentro de esta compleja red dibujando una frontera aleatoria a su alrededor y denominarlo un «objeto» resulta un tanto arbitrario.
Efectivamente, esto es lo que sucede cuando nos referimos a objetos de nuestro entorno. Por ejemplo, cuando vemos una red de relaciones entre hojas, ramitas, ramas y tronco, la denominamos «árbol». Al dibujar un árbol, la mayoría de nosotros olvidará las raíces, si bien éstas son a menudo tanto o más extensas que las partes del árbol que vemos. En un bosque, además, las raíces de todos sus árboles están entremezcladas, formando una densa red subterránea en la que no existen fronteras precisas entre árboles individuales.
Dicho brevemente, lo que denominamos árbol depende de nuestras percepciones. Depende, como decimos en ciencia, de nuestro método, de nuestra observación y de nuestras mediciones. En palabras de Heisenberg: «Lo que observamos, no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de observación.» Así pues, el pensamiento sistémico comporta un cambio de ciencia objetiva a ciencia «epistémica», a un marco en el que la epistemología —-«el método de cuestionar»— se convierte en parte integrante de las teorías científicas.
Los criterios del pensamiento sistémico descritos en este breve sumario son interdependientes. La naturaleza es percibida como una red interconectada de relaciones, en la que la identificación de patrones específicos como «objetos» depende del observador humano y del proceso de conocimiento. Esta red de relaciones es descrita en términos de su correspondiente red de conceptos y modelos, ninguno de los cuales es más fundamental que otro.
Esta novedosa aproximación a la ciencia plantea de inmediato una importante cuestión. Si todo está conectado con todo, ¿cómo podemos esperar comprender algo jamás? Puesto que todos los fenómenos están interconectados, para explicar cualquiera de ellos precisaremos comprender todos los demás, lo que obviamente resulta imposible.
Lo que convierte el planteamiento sistémico en una ciencia es el descubrimiento de que existe el conocimiento aproximado. Esta percepción resulta crucial para la totalidad de la ciencia moderna. El viejo paradigma se basa en la creencia cartesiana de la certitud del conocimiento científico. En el nuevo paradigma se admite que todos los conceptos y teorías científicas son limitados y aproximados; la ciencia nunca puede facilitar una comprensión completa y definitiva.
Esto se puede ilustrar con un simple experimento que se efectúa frecuentemente en cursos introductorios de física. El profesor deja caer un objeto desde una determinada altura y muestra a sus alumnos con una simple fórmula de física newtoniana cómo calcular el tiempo que tarda el objeto en llegar al suelo. Como en la mayoría de la física newtoniana, los cálculos despreciarán la resistencia del aire y no serán por tanto exactos. Efectivamente, si el objeto fuese una pluma de ave, el experimento no funcionaría.
El profesor puede darse por satisfecho con esta «primera aproximación» o puede avanzar un paso y tomar en consideración la resistencia del aire, introduciendo más datos en la fórmula. El resultado —la segunda aproximación— será más ajustado que el primero, pero no será aún exacto, ya que la resistencia del aire depende de su temperatura y presión. Si el profesor es realmente ambicioso, propondrá una nueva fórmula, mucho más complicada, que tendrá en cuenta estas variables y dará como resultado una tercera aproximación.
No obstante, la resistencia del aire depende no sólo de su temperatura y presión, sino también de la convección, es decir, de la circulación de las partículas de aire a gran escala dentro de la habitación. Los alumnos podrán observar que esta convección puede estar influida por una ventana abierta, por sus patrones de respiración, etc. Llegado a este punto, el profesor detendrá probablemente el proceso de mejora de las aproximaciones por pasos sucesivos.
Este sencillo ejemplo demuestra cómo la caída de un objeto está conectada de múltiples maneras a su entorno y en última instancia al resto del universo. No importa cuántas conexiones tomemos en consideración para describir un fenómeno, siempre estaremos obligados a excluir otras. Por tanto, los científicos jamás pueden tratar con la verdad, en el sentido de una correspondencia precisa entre la descripción y el fenómeno descrito. En ciencia tratamos siempre con descripciones aproximadas de la realidad. Esto puede parecer frustrante, pero para los pensadores sistémicos el hecho de que podamos obtener un conocimiento aproximado sobre una red infinita de patrones interconectados es una fuente de confianza y fortaleza. Louis Pasteur lo expuso magníficamente:
La ciencia avanza a través de respuestas tentativas hacia una serie de cuestiones más y más sutiles, que alcanzan más y más profundidad en la esencia de los fenómenos naturales.


[1] CAPRA, Fritjof. La trama de la vida. 2 ed. Barcelona: Anagrama, 1999. 359p.


lunes, 13 de febrero de 2012

Sesión 5: Tres mundos

MUNDO DE LA VIDA, MUNDO DE LA EDUCACIÓN Y MUNDO DE LA ACADEMIA
CARLOS EDUARDO VASCO URIBE*
En algún artículo publicado en la Universidad del Valle en esta misma revista “Matemática—Enseñanza Universitaria”, formulé el comienzo de una teoría sobre lo que es esa disciplina en formación que se ha llamado “educación matemática”, o “didáctica de las matemáticas”, a pesar de que ese primer nombre parece referirse inapropiadamente a una educación tratada al modo matemático, como cuando se habla de “física matemática”, y que ese segundo nombre parezca asumir inadecuadamente unas matemáticas reificadas y preexistentes, las cuales se trata de enseñar, y produce asociaciones que parecen insinuar una reducción de la labor académica al ámbito escolar.
A falta de mejor nombre, podemos asumir el que más nos inspire a trabajar en esta disciplina en formación; yo utilizaré el de “pedagogía de las matemáticas”, conciente también de las alusiones imprecisas que trae consigo la palabra “pedagogía”, por parecer referirse sólo a los niños, dado el prefijo griego “paidos”. Pero no me gusta la propuesta alternativa de decir “antropogogía”, pues esa palabra no suena bien y se parece demasiado a “antropofagia”.
Comienzo recordando un enunciado fundamental: que cualquiera de las disciplinas del conocimiento, y en particular las matemáticas, se ha dado históricamente en un amplio espacio cultural, que llamo campo de saberes, a tres niveles, y que esos saberes relacionados con ellas, a pesar de los celos profesionales de los practicantes de esas disciplinas, se siguen dando pujantemente en esos mismos tres niveles.
Mundo de la vida
Primero, en el nivel asistemático del mundo de la vida, en donde se dan una serie de prácticas más o menos articuladas, generalmente menos que más, y una serie de concepciones que las acompañan con más o menos coherencia, generalmente menos que más. Por ejemplo, nos dicen los etólogos que las matemáticas han sido practicadas para alguna forma de conteo talvez desde antes de la hominización. Se han utilizado por aquellos homínidos, nuestros antepasados más remotos, para los calendarios y los ritos religiosos desde que tenemos noticias de la existencia de culturas; para el comercio, la contabilidad y el almacenamiento, al menos desde que hay sociedades con asentamientos aldeanos y pre-urbanos, y para los pagos y los préstamos, al menos desde que existe el dinero, y aun podría argumentarse que desde mucho más atrás.
Mundo de la educación
Luego hay un segundo nivel que yo llamo “de sistematización pedagógica” en el mundo de la educación, incluyendo en el ámbito de la educación también los esfuerzos de pre-sistematización formativa, para seguir con la distinción entre formación y educación propuesta por mí en un libro dirigido por los colegas Mario Díaz y José Muñoz, “Pedagogía, Discurso y Poder”. Allí propongo que se hable de prácticas formativas para referirnos a todas las actividades culturales de enculturación y aculturación de los niños y jóvenes o de los extraños, visitantes, sirvientes, esclavos, etc. desde que tenemos noticias históricas, y propongo que se hable de educación cuando esa formación se institucionaliza (en el sentido amplio de la palabra usado por los antropólogos). Allí se dan continuamente en todas las culturas y subculturas multitud de prácticas y concepciones sobre la manera como se introducen las nuevas generaciones a los usos, costumbres, ritos y oficios. Las pautas de crianza de los niños, el sentido primero y generativo de la pedagogía, o sea la guía de los niños y las niñas, han sido estudiadas intensamente durante los últimos 30 años en todo el mundo. No terminan los investigadores de maravillarse de la complejidad de las pautas de crianza, de su eficacia, de su variedad, y de la dificultad de detectarlas y precisarlas.
Mundo de la academia
Muy tardíamente, mucho después de la institucionalización de las prácticas y concepciones formativas en prácticas y concepciones pedagógicas, algunos de los pedagogos se especializaron en aquello que enseñaban, y fueron constituyendo los campos disciplinarios en el mundo académico. Hago notar que postulo las prácticas y concepciones formativas asistemáticas como origen de las pre-sistematizaciones formativas, y a ambas como origen de las prácticas y concepciones sistematizadas como disciplinas, ubicadas en campos disciplinarios más amplios, de los cuales se nutren y a los cuales a su vez contribuyen a transformar.
Hablo de prácticas y concepciones en ese orden, enfatizando mi propuesta de dar la primacía a la acción, y a las sucesiones articuladas de acciones que llamamos prácticas, por encima de las concepciones, que entiendo como las contrapartidas mentales elaboradas activa y socialmente por nuestros cerebros para acompañar y orientar nuestras prácticas. Parto como de un postulado primitivo de que todos habitamos en un mundo inseparablemente entreverado de prácticas y de concepciones.
Hablo de concepciones teóricas sólo cuando las concepciones previas que siguen ligadas a las prácticas, y que en contraposición con las teóricas se llamarían concepciones pragmáticas, empiezan a trabajarse reflexivamente como objeto de análisis y se hacen esfuerzos para sistematizarlas (no necesariamente en forma axiomática o formalizada); hablo de teorías para referirme a esas sistematizaciones de concepciones teóricas. Las concepciones pragmáticas siguen siendo las dominantes en el momento de tomar decisiones didácticas, y tardan muchos años en ser modificadas masivamente por las concepciones teóricas y las teorías más sistematizadas.
Hablo de praxis cuando las prácticas y sus concepciones pragmáticas acompañantes empiezan a ser objeto de reflexión explícita, generalmente (y me atrevo a decir que exclusivamente) debido a fracasos en las prácticas previas, y así comienzan a modificarse y sistematizarse en concordancia con las concepciones teóricas y con las teorías acompañantes. Habrá, pues, muchas prácticas y concepciones pragmáticas relacionadas con la enseñanza de las matemáticas, pero también se desarrollará en muchos maestros una praxis de enseñanza, reflexionada y modificada concurrentemente por sucesivas teorías sobre la naturaleza de las matemáticas mismas, sobre la manera como aprenden los alumnos y sobre las situaciones sociales y culturales en las que ocurre el aprendizaje.
Hablo de tecnologías cuando hay ya un esfuerzo intencional y reflexivo de optimizar la eficacia y la eficiencia de las prácticas con el apoyo de las mejores teorías disponibles, haya o no asociados a esas tecnologías aquellos artefactos materiales que pudiéramos llamar aparatos. Estos últimos son secundarios para la configuración de una tecnología. Piénsese por ejemplo en la ampliamente extendida tecnología de tablero, tiza y borrador.


* Fragmento, tomado de: VASCO URIBE Carlos Eduardo. Visión de conjunto de la pedagogía de las matemáticas como disciplina en formación. En, Revista Matemáticas, Enseñanza universitaria, Escuela Regional de Matemáticas, Volumen VII, No. 1, Mayo de 1998.

Sesión 4: Isomorfismo – Relaciones de modelación - Análisis y síntesis

Tomado de: VASCO Carlos Eduardo, BERMÚDEZ Ángela, ESCOBEDO Hernán, NEGRET Juan Carlos, LEÓN Teresa. El saber tiene sentido – Una propuesta de integración curricular. Bogotá: CINEP, 2000.
Un ejemplo de matemáticas
En matemáticas no se suele considerar el contenido específico que se está estudiando en clase como un sistema, sino como un conjunto de elementos con los que se trabaja, y así se pierden de vista los procesos que se tratan de modelar con ese sistema, así como su estructura y su dinámica, la relación con subsistemas o suprasistemas, y las analogías estructurales con otros sistemas de otras ramas de las matemáticas. Se dice por ejemplo que vamos a trabajar con el conjunto de los números enteros, cuando en realidad siempre trabajamos con ellos como componentes de un sistema con sus operaciones (que en este caso son las de pasar al siguiente, cambiar de signo, sumar, restar, multiplicar, dividir con residuo por defecto, dividir con residuo por exceso y elevar a potencias naturales), y con sus relaciones (que en este caso son las de ser sucesor, o ser predecesor; de ser estrictamente menor, o ser estrictamente mayor; de ser mayor o igual, o ser menor o igual; de ser opuesto o inverso aditivo; de ser divisor propio, o ser múltiplo propio; de ser divisor o igual, o ser múltiplo o igual, y de ser primos entre sí, para no hablar de las relaciones de congruencia, una para cada número de contar).
Si se trata de estudiar el anillo de los enteros, las únicas operaciones esenciales son la adición y la multiplicación, y las relaciones esenciales entre los números son las que tiene cada uno con otros dos cuando es la suma de ellos dos, o cuando es el producto de ellos dos; las que tiene el cero con todos como módulo de la adición, las que tiene el uno con todos como módulo de la multiplicación y las que tiene cada uno con su opuesto o inverso aditivo. La relación esencial entre las dos operaciones está dada por la propiedad distributiva de la multiplicación sobre la adición (no viceversa). Las otras operaciones enumeradas arriba no son esenciales para que el sistema tenga la estructura de anillo, ni las relaciones de orden aditivo son esenciales para que sea anillo, pero sí para que sea anillo ordenado.
Revisar cada tema de matemáticas para caer en la cuenta de que no se trabaja propiamente con conjuntos de números, de letras, de puntos y rectas, de matrices, etc., sino siempre con sistemas muy bien delimitados en cuanto a sus operaciones y relaciones, es muy útil para apreciar las relaciones internas entre sistemas del mismo tipo, por ejemplo de tipo numérico, de tipo geométrico o de tipo analítico, y las relaciones transversales entre sistemas de distintos tipos. Las matemáticas no hubieran progresado gran cosa si no fuera porque nuestro cerebro detecta que distintos sistemas matemáticos, cuando ya se han vuelto para nosotros familiares y concretos, tienen la misma estructura. Los matemáticos llaman isomorfos a esos sistemas que tienen la misma estructura, pues en griego “iso” significa “la misma”, y “morphe” significa “forma” o “estructura”. Una de las maneras más potentes en las que avanzan las matemáticas es por la construcción de un nuevo sistema más complejo que tenga subsistemas isomorfos a otros sistemas ya conocidos; cuando los matemáticos se familiarizan con el nuevo sistema complejo hasta el punto en que ya les parece muy concreto, se olvidan de las diferencias entre los subsistemas y sus sistemas isomorfos, lo que nos deja completamente perplejos a los seres normales que todavía no estamos familiarizados ni siquiera con los sistemas anteriores, que todavía nos siguen pareciendo muy abstractos.
Análisis - síntesis
Cuando recortamos o diferenciamos estamos desarrollando una labor de pensamiento analítico. La actividad de reconstituir el todo dinámico corresponde a una labor de pensamiento sintético. Estas dos formas de pensar son absolutamente necesarias. No podemos comprender si no fraccionamos analíticamente el todo: si no fraccionamos el macroproceso, los procesos o los subprocesos. Pero si fraccionamos todo y nos quedamos a mitad de camino, sin restituir nunca el todo inicial sintéticamente, tampoco comprendemos nada. Quedarnos con las partes que obtenemos como producto del análisis, es conformarnos con visiones parciales y deformantes de la totalidad (del macroproceso, los procesos o los subprocesos).
Recopilando lo anterior, podemos decir que el proceso real con su totalidad, complejidad y dinamicidad produce en nosotros impresiones perceptuales que llamamos fenómenos. A partir de éstos analizamos el proceso en “subprocesos-para-nosotros”[1]. Pero estos procesos son todavía inasibles y por eso sentimos la necesidad de modelarlos por medio de sistemas. Mediante la multiplicidad de subsistemas o componentes en los que es posible y necesario dividirlos y por medio de su estructura, tratamos de capturar algo de la complejidad y totalidad del proceso real; mediante su dinámica tratamos de capturar la dinamicidad. Se hace entonces evidente que la integralidad o totalidad, la complejidad y la dinamicidad son las propiedades connaturales que podemos atribuirle al proceso real, y que, puesto que a nuestro cerebro le queda imposible capturarlas en forma inmediata, sin mediación, nos es necesario hacerlo utilizando estrategias mentales como es la explicitación de la multiplicidad de componentes de un modelo sistémico, de su estructura relacional y de su dinámica transformacional.


[1] Con esta expresión queremos enfatizar el hecho de que la fragmentación del proceso también es resultado de nuestra actividad mental.

domingo, 15 de enero de 2012

Sesión 3: Estructura, dinámicas interna y externa, cambio estructural


Tomado de: VASCO Carlos Eduardo, BERMÚDEZ Ángela, ESCOBEDO Hernán, NEGRET Juan Carlos, LEÓN Teresa. El saber tiene sentido – Una propuesta de integración curricular. Bogotá: CINEP, 2000.

Otro ejemplo de ecología
Por ejemplo, cada uno de los árboles de un subsistema ecológico puede ser fraccionado en raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos, y cada uno de estos componentes puede a su vez analizarse como subsistema compuesto de elementos y relaciones, y sujeto a transformaciones. Piénsese en el análisis de una flor como sistema biológico complejo tal como suele hacerse en los libros de biología de secundaria. Allí los elementos son los sépalos, los pétalos, los estambres y el pistilo o los pistilos, y las relaciones entre ellos son múltiples, hermosas, interesantes y fecundas.
Cuando tenemos el sistema ya bien delimitado, podemos centrar nuestra atención en sus relaciones, haciendo abstracción de la naturaleza de sus elementos. Al privilegiar las relaciones, nos damos cuenta de que algunas de ellas tienen cierta forma más permanente y que las otras varían dentro de un rango fijado por las primeras; u observamos que unas tienen cierta estabilidad y definen al sistema como este sistema y no otro, mientras que otras cambian regular o aleatoriamente sin que cambie el sistema; o decimos con los científicos sociales que unas son estructurales y otras coyunturales; o utilizando la clásica dualidad aristotélica, decimos que unas son esenciales al sistema y otras accidentales. Las relaciones más formales, permanentes, estables, estructurales o esenciales están también relacionadas entre sí en una forma particular, y a esta red de relaciones la denominamos la estructura del sistema.
Al hacer énfasis en la estructura de un sistema, estamos haciendo énfasis en lo estable, en lo que es más permanente con respecto a los cambios normales que experimenta, es decir en aquellas relaciones que caracterizan a éste como tal, como diferente de otros sistemas que tengan distinta estructura. Decimos que esas relaciones conforman la estructura de ese sistema porque no cambian o porque cambian muy lentamente, o porque cambian sólo dentro de ciertos rangos, tanto que en muchos casos estas transformaciones resultan imperceptibles para los sujetos. Pero tanto los componentes como las relaciones pueden cambiar más o menos rápidamente.
Ejemplo de biología
Cuando examinamos el sistema reproductivo de una planta, localizado en una flor, no decimos que los cambios de la posición relativa de los pétalos cuando se abren al amanecer le cambian la estructura a la flor. Tampoco las relaciones de contacto o separación entre los pistilos cuando se mueven por el viento o por la llegada de un insecto cambian la estructura de la flor. Pero si la planta tiene unas flores masculinas y otras femeninas, o si las masculinas están todas en una de ellas y las femeninas en otra, decimos que los dos tipos de flores de esa especie tienen estructuras diferentes.
Podemos también fijar nuestra atención en las transformaciones más o menos lentas que sufren los elementos y las relaciones. Al describir la forma como acontecen estos cambios, hacemos explícita la dinámica del sistema.
Ejemplo de ecología humana
Retomemos el ejemplo del sistema ecológico que habíamos construido para modelar el proceso de degradación de los ecosistemas de la frontera entre los llanos orientales y la selva amazónica. En un primer momento, habíamos propuesto un sistema ecológico natural, antes de ser perturbado por la llegada de los colonos. Las relaciones estables entre sus componentes le permitían regenerarse año por año, a pesar de las lluvias y las sequías. En particular podemos señalar relaciones como las espaciales entre los árboles y el humus, formado a su vez por la caída de las hojas, que permiten proteger el suelo del impacto de la lluvia, y retener el agua para que las diversas plantas y animales puedan sobrevivir. Podemos señalar también las relaciones entre los seres vivos del ecosistema, las cuales determinan las cadenas alimenticias, que mantienen el equilibrio del ecosistema. Esas relaciones estables forman la estructura de este sistema.
Pero cuando llegan los colonos, que desconocen estas relaciones, rompen la estructura con la tala de los árboles, las quemas y las prácticas agrícolas con plantas traídas de otras partes, con lo cual generan un nuevo sistema eco-cultural mucho más complejo, con nuevos componentes y nuevas relaciones. Si analizamos este nuevo sistema en sus aspectos socio-culturales, y no sólo en sus aspectos físicos y biológicos, podemos establecer relaciones internas entre colonos, proveedores y compradores, aventureros y terratenientes; esas relaciones determinan la nueva estructura; son relaciones que dependen de la presión por la expansión de la frontera agrícola, el desempleo, la sobrepoblación de ciertas ciudades y regiones, y que hacen que los colonos exploten la tierra y la preparen para venderla, más o menos forzadamente, a los terratenientes. Después de unos años, la relación de posesión precaria del colono con su claro de bosque pasa a ser una relación de propiedad avalada por las autoridades; luego, tras la venta a un terrateniente, parece iniciarse de nuevo un ciclo parecido en otra parte. Al analizar varios de estos ecosistemas de frontera de colonización, sea en el Brasil o en Colombia, en el siglo XIX o XX, vemos que la forma de las relaciones es la misma, a pesar de que los componentes cambien: no importa si los colonos son españoles, antioqueños o brasileños, o si los terratenientes son caucheros, ganaderos o coqueros. Decimos que son sistemas diferentes pero que tienen la misma estructura.
Al llegar los guerrilleros y narcotraficantes, cambian los componentes, cambia la planta principal de cultivo, y cambian las relaciones de poder. Pero podemos decir que el sistema es el mismo, aunque hayan cambiado algunas relaciones no esenciales, o podemos decidir que el sistema que habíamos construido ya no representa en forma apropiada la nueva fase del proceso, y lo descartamos como extinto; procedemos a rearmar un sistema nuevo, con sus componentes y relaciones, del cual decimos que tiene una estructura diferente de los sistemas anteriores.
Cada historiador, sociólogo, antropólogo, economista o novelista compone un sistema a su manera, con utilización de distintos componentes, con selecciones distintas de relaciones estructurales, con mayor o menor interés en que su sistema represente adecuadamente los aspectos del proceso que son más relevantes para cada uno de ellos. Cada uno tiene la ilusión de que su sistema captura el proceso real, aunque ninguno de ellos pueda hacerlo. Cada uno de esos autores puede decir que el sistema socio-cultural ha cambiado estructuralmente, o puede decir que es el mismo, pero con algunos cambios accidentales, según la forma como abarque el subproceso que ese autor recortó longitudinal y transversalmente del macroproceso.
Los cambios en los componentes y las relaciones que no se consideran como estructurales conforman la dinámica interna del sistema, y los cambios que llevan de unas estructuras a otras se podrían llamar la dinámica externa que hace evolucionar los sistemas hasta que se convierten en otros sistemas diferentes.
Así, un sistema con sus componentes, su estructura y su dinámica internas constituye una representación de los subprocesos, la cual se aproxima a ellos lo más cerca que podemos lograr en un momento dado de la historia, de nuestra cultura y de nuestras capacidades cognitivas.
Dos ejemplos de ciencias naturales
Un excelente ejemplo, que además concuerda con el modelo copernicano del universo que presentamos anteriormente, es el del sistema solar. Al hablar de ese gran macroproceso que es la evolución del universo, podemos hacer un recorte fuerte: centramos nuestra atención en el Sol, en los planetas que giran alrededor de él, con los satélites que giran alrededor de algunos de los planetas, y en los cometas, que también giran alrededor del Sol, describiendo elipses más alargadas que las de los planetas. Nos imaginamos, pues, todos estos cuerpos con sus relaciones espaciales en un momento dado y obtenemos lo que llamamos el sistema solar. Si además nos imaginamos los movimientos, o mejor si los representamos en un programa de computador, construimos una dinámica interna del sistema solar, que representa un subproceso dentro de los muchos que se pueden dar en el gran macroproceso universal, como es el subproceso de evolución del Sol y sus planetas, satélites y cometas. Si dentro de unos cuatro o cinco mil millones de años el Sol empieza a crecer, hasta alcanzar las órbitas de Mercurio, Venus y la Tierra, podemos decir que el sistema evolucionó, aunque es esencialmente el mismo, o que el sistema cambió porque la red de relaciones, es decir, la estructura, cambió radicalmente.
Si retomamos el ejemplo de ese sistemita reproductor de una planta que es la flor, las transformaciones que ocurren en el crecimiento de ella, en su apertura matinal y cierre nocturno, en los movimientos de los estambres, en el paso de los granos de polen de los estambres al pistilo, son las que determinan la dinámica interna de ese sistema. Pero cuando la flor muere, se caen los pétalos, y la base del pistilo crece hasta volverse una fruta, decimos que hubo un cambio de estructura, y analizamos la fruta como un sistema diferente de la flor. Mirando todo el proceso diacrónicamente, esto es, a lo largo del tiempo, vemos que no podemos decir exactamente en qué momento el sistema todavía es una flor marchita con la base del pistilo hinchada, y en qué momento ya es una fruta verde con unos vestigios de los estambres y el pistilo todavía visibles en la punta. Pero tomamos la decisión de hacer unos cortes diacrónicos, o sea transversales al tiempo, y nos formamos modelos mentales diferentes para los sistemas que llamamos flores y para los sistemas que llamamos frutas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Sesión 2: Modelo – Diacronía y sincronía – Proceso, macroproceso y subproceso – Sistema, macrosistema y subsistema.

Tomado de: VASCO Carlos Eduardo, BERMÚDEZ Ángela, ESCOBEDO Hernán, NEGRET Juan Carlos, LEÓN Teresa. El saber tiene sentido – Una propuesta de integración curricular. Bogotá: CINEP, 2000.

Un ejemplo útil para entender estas ideas muy abstractas es el de las representaciones del universo y en particular de la Tierra, el Sol, la Luna y las estrellas a lo largo de la historia. Copérnico decía que el universo es esférico, y daba estas razones:
“Ya sea porque esta forma es la más perfecta de todas, por ser un todo completo que no precisa uniones, ya sea porque constituye la forma que contiene mayor espacio, siendo así la más apropiada para contener y retener todas las cosas, o bien porque todas las partes discretas del mundo, me refiero al Sol, la Luna y los planetas, se presenten como esferas.” [1]
Para él, a su vez, el universo contiene otras esferas. Copérnico dice:
“La primera y más alta de todas es la esfera de las estrellas fijas... [Después sigue la esfera de Saturno; tras él, Júpiter; luego Marte, luego la Tierra con el orbe de la Luna como epiciclo. En quinto lugar, Venus; el sexto lugar corresponde a Mercurio.) Pero en el centro de todo reside el Sol. Situado en este templo magnífico, ¿quién habría de poner la luz en otro lugar mejor que éste, desde el que puede iluminarlo todo a la vez?” [2]
El modelo copernicano de la totalidad del universo ha sido llamado un modelo heliocéntrico, porque supone que el Sol se encuentra en el centro de ese universo; otros modelos, como el de Ptolomeo, se llaman geocéntricos, porque suponen que la Tierra está en el centro del universo, que también para Ptolomeo era esférico.
Hoy en día no decimos que el universo es esférico, ni que la Tierra o el Sol son el centro de él; decimos cosas muy diferentes. Por tanto, podemos proponer dos hipótesis: o el universo, o sea lo real, ha cambiado mucho en estos cuatrocientos años, o nuestras concepciones, o sea nuestras realidades, son las que han cambiado por los avances científicos. Sería bastante absurdo pensar que el universo ha cambiado en forma paralela a los cambios en nuestras concepciones de él; sería descabellado afirmar, por ejemplo, que hace dos mil años la Tierra se encontraba en el centro de las esferas celestes que conformaban el universo, que hace cuatrocientos años fue el Sol el que ocupó ese lugar privilegiado, y que ahora éste no es sino una estrella más de los cien mil millones de estrellas de una de las cien mil millones de galaxias conocidas en un universo en expansión. Lo que ha cambiado radicalmente entonces son nuestros modelos, nuestras representaciones y nuestras perspectivas del universo; de éste podemos asumir que ha evolucionado, pero no que ha cambiado su naturaleza tan rápidamente y en forma tan radical.
Incluso actualmente existen diversas representaciones del universo, cuya exposición nos desviaría demasiado de nuestro tema central; sin embargo, queremos recordar que existen esas otras perspectivas para señalar que sí se han propuesto otros modelos, con el fin de reforzar la idea de que son múltiples las posibles representaciones de lo real[3].
Los anteriores ejemplos nos muestran cómo cuando pensamos o hablamos de lo real, se trata de aquellos diferentes procesos espacio-temporales que producen en nosotros sensaciones que nos hacen hablar de ellos como “fenómenos”[4].  Los ejemplos también nos muestran en qué medida nuestra realidad está constituida por teorías, modelos o representaciones, mediante los cuales le imponemos a lo real una organización que lo hace comprensible.
“Mundus” en latín quiere decir “lo bello”, “lo organizado”, “lo limpio”. Lo contrario es lo “inmundo”. Por esto decimos que una manera de organizar lo real constituye “un mundo”, que constituye “una realidad”: la realidad de la persona que organiza lo real mediante esa forma de representación. Tal como lo hemos ilustrado con nuestros ejemplos, puede entonces haber diversas realidades como representaciones subjetivas, al mismo tiempo que lo real es único; puede haber diversos mundos subjetivos, al mismo tiempo que el universo es único.
Hay pues una proliferación de realidades subjetivas, de perspectivas múltiples y de representaciones muy diversas, y aun a veces contradictorias, de lo real. Pero esto no nos lleva a un caos total y a un relativismo absoluto. Lo que ocurre es que a partir de la comunidad de cultura y lenguaje, de las múltiples perspectivas subjetivas, y del diálogo entre las personas para confrontar y coordinar sus realidades, surge la posibilidad de hablar de algo que podríamos llamar “una realidad objetiva”, pero que sería mejor llamar “una realidad inter-subjetiva”. Es decir, que cuando hablamos de una realidad objetiva, no es que ella lo sea porque las personas han logrado ver y describir lo real tal como es, sino porque se ha logrado un consenso amplio entre diversas perspectivas. Se ha conformado una resonancia entre lo que cada uno de nosotros puede llamar su realidad con lo que el grupo social, comunidad o etnia en la que nacimos puede llamar nuestra realidad; ese consenso puede ser tan amplio, tan exitosamente transmitido y compartido por las nuevas generaciones, que todos podemos estar seguros de que nuestra realidad es la realidad objetiva, y que la realidad objetiva es lo mismo que lo real. Sin embargo, lo explicado hasta ahora no nos permite aceptar esos deslizamientos desde la realidad de cada uno hacia la realidad compartida, ni desde la creencia en esa realidad compartida hacia la afirmación de una sola realidad objetiva, ni mucho menos desde lo que tenemos por realidad compartida y objetiva hacia lo real.
Ahora bien, cuando las personas intentan hacer representaciones de lo real, se encuentran ante un gran problema: su complejidad y su dinamicidad lo hacen inabarcable, inasible y escurridizo. Para poder hacer representaciones de lo real, es necesario primero organizarlo haciendo recortes para descomponerlo en subprocesos; en la misma forma, estos procesos pueden a su vez ser descompuestos en nuevos subprocesos, Estos recortes o disecciones que hacemos para distinguir subprocesos de un proceso más complejo reciben el nombre de cortes diacrónicos (a lo largo del tiempo) o, lo que es lo mismo, longitudinales. De nuevo podemos recortar esos subprocesos en segmentos o momentos diferentes, haciendo la disección transversalmente al tiempo. A esos nuevos cortes los llamamos sincrónicos o transversales.
Ejemplo ecológico
Tomemos como ejemplo un subproceso que podemos desglosar del macroproceso real: el subproceso de degradación ambiental de las franjas de colonización entre los llanos orientales y la selva amazónica. Este subproceso puede ahora descomponerse en un subproceso biológico de erosión del suelo y otro subproceso social de tala para explotación maderera o para remplazar bosques por cultivos o ganadería. A su vez, este segundo subproceso social puede ser descompuesto en un subproceso económico de desplazamiento de población y ampliación de la frontera agrícola, otro subproceso cultural de escisión y alienación del ser humano de su entorno natural y de su pertenencia a la naturaleza, otro subproceso de desarrollo tecnológico, y un cuarto subproceso político de desatención al campo. Solo haciendo este ejercicio analítico de diferenciación de un subproceso en nuevos subprocesos podemos captar la complejidad del proceso de degradación mencionado.
Pero los procesos o los subprocesos recortados longitudinal o diacrónicamente son todavía demasiado escurridizos; son todavía cambiantes, dinámicos. Las personas tratan entonces de hacer congelamientos de los subprocesos en el tiempo, y de dividirlos por cortes transversales o sincrónicos que les permitan visualizar algunos aspectos de ese subproceso ya delimitados como objetos o elementos, identificar el estado de esos elementos, y conjeturar las relaciones entre ellos en diversos momentos del subproceso. Se obtiene así una representación o modelo de ese fragmento recortado del subproceso, modelo que llamamos un sistema en un instante del tiempo.
Ejemplo ecológico (continuación)
Continuemos con el mismo ejemplo del subproceso de degradación y erosión del suelo en 1998. Es difícil comparar directamente el subproceso mismo como fluye en el momento actual con la manera en que lo hacía unos años antes; es más fácil comparar el sistema ecológico construido por nosotros para representar ese subproceso tal como ocurría hace unos años, cuando había árboles, hierba, humus, roedores, insectos, agua, viento, ligados por sus relaciones naturales, con el sistema ecológico que construimos para representarnos el momento actual del subproceso, en el cual hay nuevos componentes, como los colonos, los coqueros, los aviones de fumigación, y del cual han desaparecido los árboles. Las relaciones entre los elementos han cambiado, y podemos reconstruir esos cambios de los elementos y de las relaciones por medio de transformaciones del sistema ecológico desde su estado anterior hasta el actual.
No sobra señalar que los sistemas pueden ser fraccionados a su vez en subsistemas. Lo que en un análisis de un sistema bien delimitado era apenas uno de sus componentes, podemos en seguida fijarlo como foco de nuestra atención, y analizarlo a su vez como subsistema del sistema anterior (que ahora es un macrosistema con respecto a los sistemas que eran sus componentes) y, por tanto, encontrarle componentes, relaciones y transformaciones internas, mientras que antes era una “caja negra”, como dicen en electricidad y electrónica; esta expresión que señala un artefacto encerrado en una caja de lata, usualmente negra, de la cual salen o entran algunos alambres, se ha extendido ya al análisis de sistemas en forma más abstracta para designar cualquier componente de un sistema al cual no le hemos hecho a su vez el análisis. Diríamos que cuando se le haya abierto la tapa y se analice por dentro, ya es un subsistema con sus propios componentes, relaciones y transformaciones.


[1] Citado en: Koyré, A. (1979). Del mundo cerrado al universo infinito. Bogotá: Siglo XXI.
[2] Ibid.
[3] Si el lector quiere referirse a una de las representaciones actuales, puede consultar la narración de la evolución del universo desde el “Big Bang” hasta nuestros días.
[4] La palabra “fenómeno” viene del latín “phaenomĕnon”, que a su vez procede del griego, brillar, aparecer, y señala lo que parece, lo que aparece a nuestros sentidos y a nuestra percepción. No lo entendemos pues en el sentido usual de algo extraño, maravilloso o monstruoso, sino en el sentido de lo que podemos percibir de lo real.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

PRIMERA SESIÓN: LO REAL Y LA REALIDAD

Tomado de: VASCO Carlos Eduardo, BERMÚDEZ Ángela, ESCOBEDO Hernán, NEGRET Juan Carlos, LEÓN Teresa. El saber tiene sentido – Una propuesta de integración curricular. Bogotá: CINEP, 2000.
Bertrand Russell decía que los filósofos son personas que se dedican a elaborar respuestas muy complejas a ciertas preguntas que para el hombre común son muy sencillas de responder. Imaginémonos que vamos por la calle y llamamos al primer transeúnte que nos encontramos y le preguntamos: “Perdón, ¿me podría decir si usted existe?” La persona seguramente diría algo así como lo siguiente: “¿si yo existo? Pues claro que sí... ¿No me ve?” Los filósofos, como Descartes, por ejemplo, no se conforman con una respuesta tan sencilla; sienten que es necesario hacer una larga reflexión en la que se complejice la pregunta inicial (vinculándola, por ejemplo, con otras como las siguientes: ¿Qué es la existencia? ¿Es posible decir que la nada existe? ¿Es posible pensar sin existir, o existir sin pensar?) mediante la cual se arme toda una teoría para responder estas preguntas aparentemente sencillas pero que los filósofos consideran profundas.
Muchas personas piensan que esta ocupación es muy ociosa; que no produce nada útil. Se burlan de los teóricos, y consideran que teorizar es perder el tiempo. Contrariamente, nosotros pensamos que teorizar es una actividad necesaria y muy importante: es lo que nos permite pensar más profunda y complejamente para fundamentar nuestras acciones y para poder tomar algunas decisiones que son especialmente trascendentales en forma bien fundamentada y válidamente razonada. Las discípulas de Piaget, Anette Karmiloff-Smith y Bärbel Inhelder lo dijeron en forma contundente: si usted quiere ser práctico, consígase una buena teoría.
En el campo de la educación, y particularmente en lo que tiene que ver con los procesos de aprendizaje y de enseñanza, a diario tenemos que tomar decisiones que nos parecen lo suficientemente trascendentales para que ameriten una reflexión teórica profunda. Por esta razón queremos iniciar este documento con algunas consideraciones acerca de qué es lo que conocemos y de qué manera lo conocemos.
Muchas personas dicen que lo que uno hace en la escuela es aprender a conocer la realidad: la realidad social, la realidad natural, la realidad histórica. Si tomamos en serio la tarea de tratar de enseñar a nuestros alumnos a conocer la realidad, la primera pregunta que debemos enfrentar es “¿Qué es la realidad?” Otra pregunta que no tardaremos después en enfrentar es la de si la realidad es cognoscible o no, o sea si se deja conocer o se resiste a revelar sus secretos, y en caso de que sí sea posible conocerla, surge inmediatamente la pregunta sobre cómo hacemos para conocer esa realidad.
Ante estas preguntas es probable que muchas personas contesten que la realidad es sencillamente lo que nos rodea; todo lo que está ahí y que podemos ver, tocar u oír. Dirán que indudablemente la realidad se puede conocer en forma bastante simple: observándola cuidadosamente y describiéndola en forma veraz. Otras personas no ven tan simple la respuesta y piensan que la realidad no es sencillamente lo que nos rodea, sino que para poder hablar de la realidad es necesario hablar de la cultura, de las prácticas sociales, de las ideas, de las teorías o de las concepciones filosóficas; la realidad no es sencillamente lo que está ahí frente a nosotros, sino todo aquello que pensamos y sentimos ante lo que nos rodea. El solo hecho de que hablemos sobre la realidad como aquello que nos rodea, o como todo lo que está “allá afuera”, ya indica que los que hablamos nos estamos excluyendo de la realidad, como si todo lo que estuviera dentro de la frontera de nuestra piel o dentro de nuestra caja craneana no fuera realidad.
A pesar de la observación anterior, aceptemos provisionalmente que la realidad es todo aquello que está a nuestro alrededor. Si tomamos entonces en serio la tarea y empezamos a discutir sobre qué es lo que está ahí afuera a nuestro alrededor, pronto nos daremos cuenta de que, contrariamente a lo que pensábamos en un primer momento, es difícil ponernos de acuerdo sobre qué es aquello que nos rodea.
Tomemos un ejemplo muy sencillo. Estamos en un jardín. Para algunas personas ese jardín puede ser muy lindo, para otras puede ser muy cursi; para algunas puede ser un sitio para descansar, para otras es un sitio para cultivar hierbas aromáticas; para algunas puede ser un apreciado elemento decorativo, una forma de tener aire puro y paz alrededor de su casa, para otras es un espacio perdido que podría tener un uso más productivo. ¿Cuál es entonces ese jardín en la realidad? En este caso, ¿qué es la realidad?
Tal vez el jardín y su realidad le parezcan al lector algo demasiado sencillo y cotidiano, y tanto la pregunta por la realidad del jardín como las posibles respuestas no le despierten mucho interés en este caso. Si consideramos un ejemplo más complejo, la pregunta sobre qué es la realidad, y sobre todo las respuestas que demos a ella, nos parecerán sin duda mucho más llamativas. Supongamos, por ejemplo, que en clase de historia decimos que vamos a estudiar un suceso que ocurrió en realidad: Cristóbal Colón desembarcó en estas tierras en 1492, y a partir de esta fecha se inició un proceso de migración y asentamiento de gentes venidas de otras tierras. Algunas personas dicen que lo que sucedió fue que los españoles descubrieron un nuevo mundo y que lo colonizaron para evangelizar y culturizar a sus habitantes; otras personas dicen que lo ocurrido en realidad no fue un descubrimiento, pues estas tierras ya estaban habitadas y eran conocidas por otras muchas sociedades, y que no se trató de un proceso de evangelización y culturización sino de un proceso de exterminio de culturas ya existentes y de rapiña descarada de las riquezas de este continente.
En este caso la pregunta y la respuesta sobre cuál fue la realidad es de muchísima mayor importancia. Mucho dinero se gastó y mucha tinta fluyó en 1992 con motivo del quinto centenario de ese hecho; muchos gobiernos se aprovecharon o se resintieron; muchos funcionarios fueron nombrados o destituidos por su respuesta a la pregunta de si el “Descubrimiento de América” fue una realidad o una ficción eurocéntrica, o de si valía la pena celebrarlo o repudiarlo.
Para las reflexiones pedagógicas que haremos en el presente documento, es muy importante tomar una posición clara sobre algunos problemas más generales que los planteados por las preguntas de los ejemplos anteriores, que al comienzo caracterizábamos como preguntas filosóficas: ¿Qué es la realidad? ¿Es posible conocer la realidad? ¿De qué manera conocemos la realidad?
Iniciemos pues nuestra reflexión abordando estos interrogantes. Partiremos de una afirmación fundamental: no es posible hablar de la realidad; sino de mi realidad; mi realidad no es lo mismo que lo real; en los ejemplos que ofrecimos esto fue evidente. Puede hablarse de mi realidad, de su realidad o de nuestra realidad, pero no de la realidad como si fuera única, absolutamente verdadera, sobre la que todos debemos estar de acuerdo. Propondremos en su lugar un nuevo concepto: lo real. Explicar este concepto es difícil, porque para la gran mayoría de las personas la realidad y lo real es lo mismo.
Desde nuestra perspectiva teórica, lo real existe como un gran proceso englobante o macro-proceso. Lo real es una totalidad altamente compleja y dinámica. Por tanto, podemos decir inicialmente que tiene al menos tres propiedades connaturales: totalidad, complejidad y dinamicidad. Decimos que lo real es una totalidad, porque todos los procesos o subprocesos que lo componen están relacionados directa o indirectamente conformando una unidad global. Decimos que lo real es altamente complejo, porque los subprocesos que creemos identificar en ese gran proceso son múltiples y de diversa naturaleza. Decimos que lo real es dinámico, porque el macro-proceso está siempre en movimiento y porque tanto los subprocesos como la manera de relacionarse unos con otros cambian y se transforman permanentemente, incluso cuando tenemos la impresión de que son estáticos.
También tenemos que postular una cuarta propiedad: creemos que, a pesar de ser una totalidad compleja y dinámica, podemos conocer algo de lo real. En otras palabras, postulamos que lo real es cognoscible. Para poder explicar por qué creemos que lo real es cognoscible, además de las tres propiedades señaladas inicialmente, afirmamos que tiene otras tres muy importantes: lo real es ordenable, analizable y modelable. Si no tuviera estas otras tres propiedades, sería imposible conocerlo.
En efecto, si lo real no fuera también ordenable, sería imposible hallar aquellas regularidades que nos permiten explicar, predecir o controlar algunos subprocesos. Si no fuera analizable, no podríamos distinguir subprocesos, hacer recortes y fijar nuestra atención en ciertos aspectos, y tendríamos que conformarnos con estar frente a una totalidad inasible e inabarcable. Si no fuera modelable, no podríamos hacer representaciones, “mapas mentales” o “modelos” de lo real, que son los que nos permiten orientar nuestra acción sobre y en lo real.
En correspondencia con estas características de lo real, afirmamos también que la naturaleza de nuestro cerebro es tal que puede conocer lo real, pero que los procesos y subprocesos de ese macro-proceso, y todo aquello que nosotros identificamos como los momentos, los elementos y las relaciones de lo real, así como sus transformaciones, no pueden ser conocidos sino a través de representaciones, mapas o modelos de ellos, que siempre serán fragmentarios, parciales e incompletos, que siempre corresponderán sólo a una perspectiva: mi perspectiva de lo real, y que nunca nos darán garantía segura de representarlo adecuadamente, y mucho menos fiel o verdadera mente. En lo sucesivo hablaremos preferentemente de modelos. Estos modelos son precisamente esas representaciones, mapas mentales o perspectivas de lo real en sus dimensiones materiales, sociales y subjetivas, cuya combinación constituye nuestra realidad y que según hemos dicho anteriormente, llamaremos la realidad para diferenciarla de lo real.
De lo real no podemos, entonces, decir nada más de lo que hemos dicho, pues tan pronto intentamos hacerlo, estamos hablando ya de nuestra perspectiva de lo real, de nuestra realidad, y no  lo real mismo.
Insistimos en que todo lo anterior no es fácil de entender, puesto que tenemos la tendencia a pensar que nuestra realidad es lo real. Dicho de otra manera, tenemos la tendencia a pensar que somos capaces de “ver lo real tal como es”, de tal forma que estamos seguros de que nuestra realidad es exactamente igual a lo real y, en consecuencia, que nuestra realidad es igual a la de todas las demás personas y sociedades. Pero con frecuencia encontramos que nuestro interlocutor en una conversación puede, y de hecho la mayoría de las veces tiene, una perspectiva diferente sobre un mismo sector de lo real, y esto muchas veces genera fuertes discusiones y conflictos. Así empezamos a entender lo difícil que es afirmar que somos capaces de ver lo real tal como es, o como algunas personas dicen, que somos capaces de ser totalmente objetivos.

EPISTEMOLOGÍA SEGUNDO SEMESTRE 2011

GRUPO J1 LUNES 4-7 pm

CIPAGAUTA CRUZADO LINA MARÍA
DELGADO RODRÍGUEZ LAURA MARCELA
DÍAZ GONZÁLEZ SERGIO A.
DÍAZ SANDOVAL MANUEL FELIPE
GIRALDO QUEVEDO VIVIANA ALEJANDRA
HERNÁNDEZ REYES JESENIA
LIZCANO QUINTANA JORGE ALEXANDER
MARTÍNEZ MARTÍNEZ MARÍA FERNANDA
NAVARRO MORALES SILVIA JULIANA
POSADA ARCINIEGAS YUDY PAOLA
PUENTES PALACIO MICHAEL SNEIDER
ROMÁN GÓMEZ MARCELA
SANABRIA RODRÍGUEZ ALEJANDRA STEFANÍA
TORRES GARCÍA LAURA STEPHANIE
URIBE DÍAZ ANA GABRIELA
VARGAS CERVELEÓN EDINSON
VERA JURADO MARÍA ALEJANDRA
ZÁRATE HERRÁN ANGIE YULIANA

GRUPO J2 VIERENES 4-7 pm

BARAJAS MORENO FREDDY ALEXANDER
BELTRÁN LUISA FERNANDA
CABEZA MANUEL ANDRÉS
CARRILLO SANDOVAL LUZ KATHERINE
CASTELLANOS DAZA JONATHAN
CASTRO QUIROGA WILLIAM MANUEL
DURÁN PINTO KARINA
GÓMEZ DÍAZ ADRIÁN
MOGOLLÓN C. HAROLD MAURICIO
MORANTES RODRÍGUEZ LAURA
MORENO V. KATERIN ANDREA
NOVA OREJARENA ÉRIKA MIREYA
ORTEGA MARTÍNEZ EMERSON ALEXIS
PABÓN VILLAMIZAR LAURA JULIETH
PEREA NIÑO CAROLY ANDREA
PINTO CADENA JESÚS ALBERTO
PORRAS SUÁREZ MÓNICA ANDREA
QUIROZ F. MARÍA FERNANDA
RAMOS JAIMES JANETH ANDREA
RODRÍGUEZ INGRID JULIETH
ROJAS TRIANA FERNANDA
SALAZAR RUEDA DARÍO
SARMIENTO TRILLOS LAURA TATIANA
SUÁREZ CRUZ PAMELA ANDREA